“El profesor del colegio al que iba fumaba tres o cuatro toques de mota diarios. Consiguió que muchos de los estudiantes empezaran a fumar mota, incluyéndome a mí. Él me incitó a usar heroína, lo cual hice sin resistencia. Para entonces, era como si mi consciencia estuviera realmente muerta”.—Veronique
me gusta tu información!!!!!!
ResponderBorrarme gusta tu blog y no lo de verias abandonarlo
ResponderBorrar